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Invertir con Propósito: Guía del Marco ABC

El mundo empresarial actual es más consciente que nunca de su impacto en la sociedad y el medio ambiente. Las organizaciones, ya sean gigantes corporativos o startups innovadoras, están siendo sometidas a un escrutinio constante en cuanto a cómo sus acciones afectan al mundo que les rodea.

Sin embargo, este escrutinio no se limita a juzgar si una empresa es “buena” o “mala”, sino que se adentra en un terreno más complejo: ¿qué tipo de impacto buscan realmente generar estas organizaciones?

En un post y vídeo anteriores –Claves de una organización de impacto– ya abordamos el complejo mundo de los impactos empresariales, que pueden ser tanto positivos como negativos, intencionados o fortuitos.

Destacábamos la importancia de aquellas organizaciones que se esfuerzan deliberadamente por generar impactos positivos y cómo abordan estos retos. ¿Están dispuestas a minimizar riesgos, cumplir con regulaciones, o incluso llevar su compromiso con la sostenibilidad al límite?

Y ahora surge la pregunta ¿cómo pueden los inversores analizar y discernir las intenciones y acciones de las organizaciones en términos de impacto?

A lo largo de este post y el video que lo acompaña, vamos a analizar una herramienta de clasificación de las inversiones orientada a ayudar a dichos profesionales a alinear su cartera con su propósito.

Guía del Marco ABC para inversores

Existen empresas que optan por ignorar sus impactos, otras simplemente cumplen con la regulación vigente, mientras que algunas se esfuerzan por minimizarlos al máximo posible, buscando alcanzar un nivel óptimo de sostenibilidad. Luego, están aquellas que consideran a sus grupos de interés y buscan maximizar su valor positivo en la sociedad. Por último, existen las organizaciones que se dedican a resolver desafíos sociales o ambientales de manera intencionada y positiva.

Para los inversores, categorizar estas organizaciones es esencial para gestionar su cartera de inversiones. Siguiendo el modelo del Impact Management Project, podemos hablar de 3 + 2 categorías principales. Estas categorías son A, B y C, y dos adicionales que son D y M.

  • A: Actuar para Evitar Daño: Estas organizaciones hacen lo necesario para evitar causar daños significativos en la sociedad. Suelen minimizar riesgos y cumplir con las regulaciones existentes.
  • B: Beneficiar a los Grupos de Interés: Las organizaciones de esta categoría buscan beneficiar a sus grupos de interés, es decir, intentan maximizar los impactos positivos que generan en diversas personas y entidades.
  • C: Contribuir a Soluciones: Empresas que ofrecen soluciones, productos o servicios destinados a abordar desafíos sociales y ambientales.

Por otro lado, las categorías D y M incluyen:

  • D: Causan Daño Significativo: Estas organizaciones tienen evidencias de causar daños significativos a la sociedad.
  • M: Pueden Causar Daño: Son organizaciones de las cuales no tenemos evidencias de daños relevantes a la sociedad, pero tampoco podemos afirmar que estén gestionando adecuadamente esos riesgos, lo que podría llevar a la generación de daños.

El marco ABC nace de la guía de clasificación de inversiones del Impact Management Project y supone un sistema que permite a los inversores alinear sus inversiones con sus objetivos: “Actuar para prevenir daños”, “Beneficiar a los grupos de interés” y “Contribuir a las soluciones”.

Ahora, la gran pregunta es: ¿cómo podemos aplicar esta metodología a nuestras inversiones? Si bien su implementación es compleja, podemos simplificarla:

Primero, debemos listar todas las organizaciones de nuestra cartera e identificar sus impactos más significativos en la sociedad, no todos, y asignarles un indicador que refleje cómo están abordando ese impacto.

Una vez tenemos los indicadores para cada impacto relevante, transformamos ese indicador en “A”, “B”, “C”, “D” o “M” según la definición previa. Es decir, si ese indicador muestra que están aportando valor a un grupo de interés. será una “B”. O, si ese indicador refleja que están contribuyendo a resolver un reto social o ambiental, será una “C”.

Cuando hayamos asignado una de las letras (A,B,C,D o M) a cada uno de los indicadores, ya podemos clasificar la empresa según los siguientes criterios:

  • Una organización es A si todos sus indicadores son A, sin excepción.
  • Una organización es B si al menos un indicador es B y el resto son, como mínimo, A.
  • Por último, una organización es C si al menos un indicador es C y el resto son, como mínimo, A.

Si una organización tiene un solo indicador D, será categorizada como D, mientras que si tiene un solo indicador M, se clasificará como M. Así, tendremos todas las organizaciones categorizadas, lo que nos permitirá conocer el porcentaje de cada categoría o ponderado según la inversión.

Esta clasificación nos servirá como hoja de ruta, un plan de acción para guiar nuestras inversiones hacia empresas que contribuyan a una sociedad más sostenible.

En resumen, el marco ABC va más allá de una simple categorización; se presenta como una escala que nos brinda la capacidad de discernir las intenciones y acciones de las organizaciones en términos de su impacto. No existe una línea clara que separe la minimización de riesgos de la maximización de beneficios para los grupos de interés o la contribución a soluciones. Lo esencial aquí es que proporciona a los inversores una herramienta que les permite trascender las etiquetas de carteras consideradas “éticas,” “responsables,” o “sostenibles,” permitiéndoles comprender el auténtico propósito que subyace tras sus inversiones.

Con el aumento constante de los flujos hacia los fondos ESG, sostenibles, y de impacto, se vuelve imperativo aclarar las diferencias entre ellos. Evaluar estos fondos en función de sus intenciones puede ayudarnos a discernir su propósito genuino. La comprensión de este propósito no solo simplifica un análisis más profundo de los resultados, sino que también resalta la importancia de medir dichos resultados para evaluar su correlación con la rentabilidad financiera.

En última instancia, esta información nos brinda la capacidad de alinear nuestras inversiones con nuestros valores y aspiraciones, contribuyendo a un futuro más sostenible y responsable para todos.El mundo empresarial actual es más consciente que nunca de su impacto en la sociedad y el medio ambiente. Las organizaciones, ya sean gigantes corporativos o startups innovadoras, están siendo sometidas a un escrutinio constante en cuanto a cómo sus acciones afectan al mundo que les rodea.